17 julio, 2009

9 | Infinito

Yo en ese tiempo dejé de trabajar en la Mina (trabajo que nunca me gustó). Volví a mi casa y averigüé la dirección de un amigo que se habia ido a la Argentina y le escribí una carta. Le di a entender que tenía intenciones de irme también. La respuesta fue acompañada por la carta de Reclamación donde me decía todo lo que necesitaba, incluso él me adelantaba el pasaje.
Así fué como llegué a la Argentina en 1950. A los pocos días de llegar conocí a una chica que estaba sin novio y con ganas de casarse, esa chica, llamada I. me enganchó y es la que hasta ahora es mi esposa. Tuvimos 2 hijos, D., que vive con su compañera G. en Vizcaya y O., que se casó con J. y nos dieron 2 nietos, M. y N., que estudian y trabajan.
Así está formada mi linda familia, la que trato de disfrutar hasta que se apague la vela.

Puchaskín.

07 julio, 2009

8 | Indocumentados

Durante el tiempo que trabajé en la Mina, entre un grupo de compañeros se organizó un apéndice de la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores). Nuestro contacto directo era con León, de donde nos mandaron a unos muchachos que se habían escapado del Valle de Los Caídos y no tenían papeles, ya que en la situación que nos encontrábamos era difícil tenerlos. Había que facilitarles algo para que puedan trabajar y circular. Yo tenía dos hojas de ruta, una que me había dado el Regimiento Simancas cuando me licenciaron y otra el Milan, por lo tanto una me sobraba. Con lavandina borré mis datos y le puse su nuevo nombre, y al otro compañero se le facilitó lo mismo.
Pero las cosas empezaron a complicarse. Un día fuí al cine y en el entretiempo vi a un tipo extraño que me llamó la atención, no era de ahí y tenía el tipo inconfundible de Policía Secreta. Al poco tiempo me enteré que habían detenido a los dos muchachos y los mandaron a trabajar como Presos a África. En vista de lo ocurrido con ellos, traté de poner distancia, por si los apretaban y cantaban la verdad de los hechos.